sábado, 31 de diciembre de 2011

PEQUEÑA HISTORIA CON FINAL FELIZ

La viva imagen de la tristeza y el desamparo

Cuando quedan muy pocas horas para el final del año 2011, me he sentado a escribir unas palabras para despedirlo, con una noticia pequeñita, pero con un fondo inmenso.
En un pequeño pueblo de Valencia, una gatita ciega de un ojo fue abandonada. La ceguera de su ojito probablemente fue algo que molestaba a sus dueños, que seguramente querían un animalito perfecto. La dulce gatita intentaba entrar en cada casa que veía. Se sentaba al lado de las puertas, esperando poder cruzar el umbral de alguna, y volver a tener una familia como la que tenía, sin comprender porqué ya no estaba en un hogar caliente, sino en un lugar frío y mojado, sin nada que comer.

Algunas de las gentes del pueblo le daban algún resto, pero ella tenía más hambre de cariño que de comida. Su ronroneo y sus frotadas contra las piernas de quien se agachaba a regalarle alguna caricia la delataban. La gatita abandonada imploraba un rinconcito caliente y un regazo acogedor, pero sus noches eran frías y solitarias. Su único ojito bueno miraba las luces detrás de las ventanas, donde la gente sonreía y comía, su estómago vacío le recordaba los días en que tenía una familia que la acogía y alimentaba, hasta que se quedó medio ciega.

Pero lo que la pequeña no sabía es que tenía un Ángel de la Guardia que estaba a punto de llegar. Su ángel pasó y puso en marcha la maquinaria del corazón de varias personas, que conmovidas por su inocencia y desamparo, continuaron moviendo la maquinaria que, a través de ondas invisibles, llega al corazón de decenas, cientos de personas compasivas, que confiaron en que entre todos encontrarían un hogar para esta inocente criatura, que no podía pasar más hambre y frío, y que seguramente nadie adoptaría por el defecto que tenía.

Y así, la maquinaria de la red movió sus miles de brazos, y las gentes de buen corazón, colaborando y trabajando juntos, encontraron el hogar que tanto necesitaba esta pequeña gatita.

Ella ya no pasa frío, hambre, ni falta de amor. Sus nuevos papis le dan toneladas de cariño, y por supuesto, un rinconcito caliente. Ella les paga con su lealtad, su cariño, caricias y ronroneo, y un amor incondicional. El corazón se te llena de vida cuando ves encender la llamita del agradecimiento en un ser inocente.

La peque en su nuevo hogar... mejor imposible!



Desde estas líneas, un abrazo inmenso y cálido para todas esas gentes que usan parte de su tiempo y dedicación, para salvar y arropar a esos pequeños seres que nadie quiere, que se tiran como pañuelos usados. Ellos tienen un sitio especial en la eternidad.

Feliz Año Nuevo para todos!!!

Cristina