jueves, 30 de abril de 2015

LO ECOLÓGICO ESTÁ DE MODA... PERO ¿PODEMOS ESTAR SEGUROS DE SU CALIDAD?

Lo ecológico está de moda. La palabra "BIO" la vemos ahora en todas partes. Desde un jabón hasta un menú en un restaurante, pasando por la mayoría de artículos que usamos en nuestra vida diaria, la fiebre de lo orgánico se ha apoderado de un sector de la población, el de los que ya tienen claro que "somos lo que comemos" y que la alimentación debe ser consciente y lo más natural posible. 

A lo largo de la historia, las modas, los nuevos descubrimientos funcionales y en materia de salud, y los cambios en el estilo de vida de la población, dan lugar a que lo que en un momento dado estaba en la cima de la modernidad y el avance, de repente sea considerado como absurdo, impensable, e incluso peligroso. Basta recordar como ejemplo, que en los años 40/50 los médicos fumaban en las consultas y recomendaban fumar a sus pacientes, hasta recomendaban ciertas marcas como las mejores para la salud. ¿Quien les iba a decir en aquel entonces, que los fumadores llegarían, pocas décadas después, a ser apartados y arrinconados, e incluso multados por fumar en ciertos lugares, y mal vistos por la mayoría de la población?

¿Y quien iba a imaginarse que una persona con exceso de peso, que hace menos de un siglo estaba considerada como la imagen de la salud, años después esa misma imagen se convertiría en todo lo contrario, la imagen de la mala salud? La industria alimentaria está sufriendo un cambio importante, influenciado por descubrimientos a nivel científico relativos a la salud. Internet ha contribuído en gran manera a que esos conocimientos se expandan como la pólvora, y la gente está demandando alimentos más sanos, más naturales. La moda de los alimentos procesados y preparados, muy convenientes para el ritmo de vida de hoy en día, pero extremadamente peligrosos para la salud, está bajando en popularidad, en favor de la vuelta a la cocina más tradicional, con un nuevo enfoque: énfasis en lo vegetal, en detrimento de lo animal.


¿Quien le hubiera dicho a los inventores de la comida microondas, que seguramente estaban convencidos de que su invento era la panacea para el futuro, la solución para la vida moderna, de que unas décadas más tarde su creación iba a llegar a ser demonizada como el epítome de lo insano? La "Fast Food" o comida rápida tuvo sus días de gloria. Y aunque en países en desarrollo estos centros de enfermedad aún sean considerados como un símbolo de modernidad, y aunque en nuestro mundo occidental sigan teniendo sus adeptos y sus adictos, su futuro es sombrío. Al menos en el formato con el que funcionan hoy en día, a base de ingredientes baratos y de ínfima calidad, refinados, y cocinados con exceso de grasas, sal y azúcares, aditivos, potenciadores del sabor, de la vista y del olor, porquerías llenas de calorías vacías que solo pueden llevar a un estado de pésima salud, con el agravante de que muchos de dichos aditivos son totalmente adictivos, que llevan a la gente a desear comerlos cada vez más. Nunca antes en la historia había estado la población tan sobrealimentada y tan desnutrida al mismo tiempo. Hasta el nivel de que una persona obesa, adicta al macdonalds en USA, puede estar tan desnutrida como un niño en un país castigado por el hambre en África. Las enfermedades de hoy en día están en su mayoría causadas por la alimentación desnaturalizada, excesiva, y falta de nutrientes. La diabetes, enfermedades cardiovasculares y cáncer están a la orden del día, y están provocadas por una cosa: la porquería, y porquería en exceso, porquería industrial, y porquería animal, con la que la gente se atiborra, todo ello acompañado del sedentarismo, el estrés, y los desequilibrios emocionales.


Y aunque por desgracia este tipo de persona todavía sigue siendo mayoría, la "moda" de lo sano, de la "Slow food"  o comida lenta, el lado opuesto de los macdonalds y burgerkings del mundo, arrasa. Y está aqui para quedarse. No soy nada partidaria de las modas, ni de la gente que las sigue a ciegas, con tanta falta de personalidad como de iniciativa. Pero por una vez... bienvenida sea la moda! Sea por no quedarse atrás, por influencia de algún amigo, o por convencimiento propio, cada vez más gente se apunta a lo natural, a la alimentación sin química ni procesamiento, y en consecuencia, y como la industria es como es, y nos ha engañado tanto, con certificación BIO, para más seguridad. Por suerte, en esto de las certificaciones BIO, la normativa europea es bastante estricta, y las certificaciones no se consiguen así como así. Aunque, por supuesto, como en todo, fallos y vacíos hay.


Internet está ahora mismo rebosante de webs de recetas, de veganismo y vegetarianismo, de superalimentos, de complementos nutricionales, de fitness, de yoga, de masajes, de relajación, de spas, de todo tipo de tratamientos alternativos. Y es que la gente, aunque muy lentamente, llega un momento en el que reacciona a las evidencias. Y los mas inquietos e intuitivos se lanzan a la aventura de hacer algo por su salud, por sí mismos, sin dejar su vida en manos de nadie. Porque la salud es cosa nuestra. No podemos actuar irresponsablemente, con toda la informaciòn de que disponemos hoy en día, para luego creer que un médico nos va a solucionar la papeleta.  Es hora de que la gente se convenza de que los médicos no curan. Nadie cura. Solo uno mismo se puede curar... con la información adecuada y una actitud responsable. Si queremos actuar como niños caprichosos que se atiborran de golosinas y luego se van a llorar a la mamá para que les cure, allá nosotros. Nos merecemos lo que nos pase. Ya somos mayorcitos y sabemos muy bien lo que es bueno y lo que es malo. Y si no lo sabemos es porque no queremos, porque la información está ahí, los estudios y las estadísticas están ahí, las personas que viven una vida sana están ahí para darnos ejemplo. Hoy en día no hay excusa, a no ser que vivamos en una isla desierta o en un pueblo incomunicado. 

La vuelta a lo tradicional y lo natural comenzó tímidamente en los años 90, convirtiéndose en una bola de nieve que creció y creció hasta que en el siglo XXI ya es algo normal. Raro es el establecimento que no cuente con algún producto que incluya la palabra "natural", "ecológico" "orgánico" o "BIO" entre su oferta. La moda fue impulsada con fuerza por la reacción a la aparición en el mercado de los productos transgénicos, o genéticamente modificados, que fue al principio considerada como un avance, pero que, según se iban conociendo más datos, fue decreciendo en popularidad. Los alimentos GMO o Organismos Modificados Genéticamente son hoy en día muy mal vistos e incluso demonizados, justificadamente, ya que numerosos estudios han demostrado ya la peligrosidad de jugar a ser Dios. Los efectos no se han hecho esperar, y alguna enfermedad desconocida hasta ahora ha hecho ya su aparición. La culpabilidad se ha atribuído ya a los alimentos GMO, muy extendidos ya por todo el mundo. 



Entre 1997 y 1999, los GMO ya eran parte de dos tercios de todos los alimentos en Estados Unidos. La maléfica y odiada empresa Monsanto, todopoderosa multinacional, a la cabeza de la industria, se encargó de promocionar y vender sus productos por todo el mundo, utilizando métodos mafiosos para obligar a los agricultores y productores a comprar sus semillas, sin otra elección que comprar o arruinarse. En ocasiones la técnica era denunciar a propietarios de terrenos adyacentes a los que utilizaban semillas transgénicas por apropiación indebida, porque el viento las arrastraba de unas tierras a otras, sin que el agricultor pudiera hacer nada por evitarlo.

Estos actos propios de matones y criminales, y la indiferencia total a las consecuencias en la salud, han conseguido que Monsanto sea la compañía más odiada del mundo. Y prueba de ello fueron las manifestaciones multitudinarias a lo largo y ancho del globo, el año pasado, en contra de este demonio del mundo moderno. Los alimentos ecológicos fueron una especie de respuesta y contrapartida a lo GMO, por una parte, y a los estudios sobre la peligrosidad de los pesticidas, ya probadamente tóxicos en su mayoría, y su certificación nació para garantizar al consumidor que lo que estaba comprando había sido cultivado de manera natural, no intensiva, y sin uso de pesticidas.

Pero atención, que no todo el monte es orégano. El producto ecológico no es siempre garantía de nutritivo. El proceso de cultivo puede haberse realizado según lo establecido, sin uso de pesticidas, pero... ¿se tiene en cuenta la necesidad de la rotación de las tierras, tal y como se hacía antiguamente, mediante el sistema de barbecho, para que la tierra recupere los minerales? No conozco exactamente el porcentaje de tierras a las que se somete a rotación en la agricultura ecológica (en la intensiva no es obligatorio), pero imagino que no todos los cultivos ecológicos realizan rotación. Realmente me gustaría que ello fuera un requerimiento para obtener la certificación ecológica, ya que el consumidor merece estar informado de ello. De la rotación depende el contenido nutricional del producto que estamos comprando. Si no se ha realizado rotación, la tierra ha perdido muchos minerales y no tiene el poder nutricional que tendría si hubiera sido cultivado en tierras que si han sido dejadas descansar. 



Y lo digo principalmente porque últimamente me he dado cuenta de que hasta los supermercados empiezan a vender producto ecológico, debido a la alta demanda. Sin embargo, al probarlo, tengo la sensación de que hay gato encerrado. El sabor no es intenso como debería ser. Las verduras y frutas ecológicas a las que estoy acostumbrada, cultivadas en una pequeña finca agrícola ecológica, y que me traen a mi casa cada 15 días, son deliciosas y están llenas de sabor. El sabor intenso indica que el alimento ha sido cosechado en su punto de maduración, que ha madurado al sol (única manera de que su contenido en nutrientes sea el adecuado), que es de temporada, y que ha sido cultivado en tierras sometidas a rotación. De lo contrario, el sabor del producto no distará mucho del procedente de la agricultura intensiva. Eso si, pesticidas no llevará, pero de ahí a que sea igual de nutritivo y sabroso que uno con todos los requerimientos para llamarse ecológico, va un rato. 

Como decía, sospecho de los productos certificados BIO que venden en sitios como Eroski o Carrefour. Precisamente porque no saben como los que yo estoy acostumbrada. El otro día compré unas zanahorias ecológicas en Eroski, y no me supieron a nada. Y lo mismo con los tomates. Yo recuperé el amor por los tomates después de pasarme a lo ecológico. Una delicia... tomates de color rojo intenso, igualmente rojos por dentro, carnosos y sabrosos, divinos. Antes pasaba totalmente de ellos, porque era como comer plástico. Ningún sabor, blancos y acuosos por dentro, huecos y con textura desagradable. Con las zanahorias de Eroski igual. Totalmente insípidas. Así que me he empezado a cuestionar lo de la certificación BIO. Y definitivamente voy a investigar más, porque no me gusta que me engañen, ni que engañen a la gente. Espero que la gente haga lo mismo, y que no se haga la vista gorda en determinados aspectos de la normativa, o se dejen vacíos legales, que las multinacionales son rápidas en utilizar para su beneficio. Presumiblemente, el cultivo ecológico que no procede de tierras de rotación, será bastante mas barato, como lo es el de la agricultura intensiva inorgánica. Así pues, tengo la esperanza de que o me equivoque, o haya dado con una cosecha no muy buena. Seguiré investigando.

Una vez más, gracias por leerme y un abrazo a todos!



Notas:

Investigadores como la catedrática María Dolores Raigón, avalan los beneficios de la agricultura ecológica con estudios científicos: http://goo.gl/8tFhUU . Su ponencia: http://goo.gl/OIuQs9 ,

Para saber más sobre certificaciones ecológicas, orgánicas, bio, etc:  http://www.blog.biolandia.es/sabes-que/avales-ecologicos/

Referencias:

* Fundamentos de agricultura ecológica: realidad actual y perspectivas, por Jorge de las Heras, Concepción Fabeiro, Ramón Meco

* Curso sobre producción ecológica, por Dolores Raigón.

* Beyondpesticides.org 

 https://www.facebook.com/nutriconsultadecrisvegan

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