¿EL RENACER DE LA CONCIENCIA HUMANA?




Algo está ocurriendo en la conciencia humana. Me refiero al resurgimiento del espíritu humano, en relación con los demás seres vivos, de la empatía, de la compasión, del coraje para defender una causa, del humanismo, pero no centrado únicamente en el ser humano, como sucedió en el Renacimiento, sino extendido a otros, humanos o no humanos. Los humanos siempre han defendido las causas humanitarias, como es de esperar. Es lógico que una especie se defienda a sí misma, tampoco tiene eso mucho de alabar, aunque muchos me critiquen por esta afirmación, porque es el instinto de supervivencia de la especie. Si no nos defendiéramos entre nosotros ¿que clase de especie seríamos? Asimismo es lógico que dentro de la misma especie existan rivalidades y luchas, y eso también tiene su explicación en la selección natural: la supervivencia del más fuerte, para el bien común de la especie. Ahora bien, el límite a donde hemos llegado los humanos, los motivos bajos y ruines que nos llevan a despreciar y acabar con las vidas de otros de nuestros individuos, de esclavizar y torturar a especies enteras, y destrozar todo aquello por donde pasamos, eso ya no es normal, y por eso se dice tanto que el hombre es el cáncer del planeta, que acabará con todo y al final, consigo mismo.

Pero volvamos al tema. Lo que me trae hoy a mi blog es precisamente el convencimiento de un final muy distinto.

La defensa de otras especies requiere una mente avanzada, más compasiva y empática. Una mente primitiva que ve a un miembro de otra especie, solo lo ve como comida, como herramienta o como amenaza. El comenzar a considerarles como individuos, con su propia personalidad, emociones, y deseos, y respetarlos por ello, es algo que requiere algo más de evolución en cierta zona del cerebro llamada hipotálamo.

El calendario Maya ya nos daba alguna pista sobre este cambio a gran escala, aunque muchos lo interpretaran en plan catástrofe (creyendo que el fin del calendario significaba el fin de los tiempos); otros lo han visto como lo que parece ser que está comenzando a ser: una apertura de conciencia global, un giro en la evolución espiritual humana. Es como si la gente se estuviera despertando súbitamente, y cada uno que se despierta agitara al de al lado, que se despereza y despierta a su vez. Es un sentimiento contagioso, porque la persona que ve a otra defendiendo con vehemencia su causa, remueve algo dentro de su alma y su conciencia. Muchos no reaccionan, y actúan como si estuvieran viendo una película. En cuanto se pasa a la siguiente escena, se les olvida lo que ha ocurrido en la previa. Y continúan con su vida, porque cualquier disrupción significaría salir de la zona de confort, de la que gran cantidad de humanos no se atreve a salir, por temor a lo desconocido. Aunque ello signifique perder la verdadera vida y la libertad.

Sin embargo, un número importante de personas sin miedo, no abrumador todavía, pero con trazas de serlo, está poniéndose en pie y actuando, sin prisa pero sin pausa, de una manera exponencialmente al alza, contínua e imparable. ¿Os da la misma impresión que a mi? Es lo que estoy viendo en mi vida diaria. No solamente las personas se están volviendo más solidarias con los propios congéneres, algo maravilloso que es desde luego de alabar, sino que están yendo un paso más allá, que puede convertirse en el paso del gran despertar.

Particularmente me refiero a la concienciación respecto al bienestar de los animales no humanos. A su derecho a vivir y a morir en libertad, a no ser esclavizados y utilizados, a no ser dañados ni masacrados para servir a los caprichos humanos. Sinceramente, no me imaginaba ni remotamente el poder vivir tan pronto la situación que estamos viviendo hoy en día. No es que sea para tocar campanas, pero ahí está. Lo que se vislumbra es esperanzador y prometedor. Yo suelo ser optimista respecto al futuro, exceptuando los momentos en que algún acontecimiento triste o tremendamente injusto me sume en un desespero profundo, en el que se olvidan todos los pensamientos positivos. Pero en general, siempre he querido ver el vaso medio lleno. Por algo llamé a mi blog "El Futuro es Verde". ¿Será por eso que estoy viendo muchos más actos de bondad que de egoísmo? Quiero pensar que es general.

Convencida de que algún día el mundo cambiará y tomando el camino del respeto, la empatía y la compasión, frente al del egoísmo, la crueldad y la ambición, mis actos y mis luchas personales nunca dejaron de ser apasionadas, intentando comunicar siempre mi intención y mi camino, compartiendo mis esperanzas, informando sin adoctrinar, al que ignoraba voluntaria o involuntariamente las injusticias, intentando contagiar mi entusiasmo por haber tomado la decisión adecuada, intentando aportar mi pequeña contribución para cambiar el mundo. 

Pero lo que no podía haber imaginado en mis comienzos es que el cambio comenzara tan pronto. Si tenemos en cuenta lo que ha avanzado el tema de los derechos de los animales en solo unos pocos años, como ha crecido el número de activistas en la lucha, de voluntarios en los santuarios, ongs y protectoras, de apertura de más santuarios y protectoras, de leyes que se han cambiado, y las que están en camino de cambiar, de aperturas de mente, de salvajadas que se han prohibido, de salvamentos, acogidas, adopciones y rescates, de manifestaciones, protestas, campañas y recogidas de firmas, y en especial... ¡de nuevos veganos!


Porque se pueden realizar muchos actos como los que acabo de mencionar: salvar animales uno a uno, de diez en diez o a cientos a la vez, es maravilloso, y felicito y admiro de corazón a quienes lo han llevado a cabo o han colaborado, los activistas -en su mayoría veganos- que luchan a pie de calle, por los que no tienen nadie que los defienda. Pero el hecho de adoptar una nueva forma de vida, una filosofía diferente, que implica un giro tan drástico en la vida, como el hacerse vegano, no solo es casi un acto heróico, en el sentido en que la decisión va a marcar un antes y un después en su vida, socialmente hablando (especialmente en personas a quienes sus amigos y familiares pasarán a ignorar o atacar furiosamente), sino que es de especial importancia si tenemos en cuenta un dato: el número de animales que salva cada vegano.



El solo hecho de que una persona deje de consumir animales, ya sea como alimento o vestuario, salva al año 95 vidas directamente, pero también contribuye a reducir el hambre en el mundo y a proteger el medioambiente, reduciendo la huella de CO2 al dejar de contribuir a la producción de carne, la acción más devastadora para el planeta que existe. Es una cifra considerable, y es una acción polivalente. Aunque con nuestras acciones solo salvaramos una vida, valdría totalmente la pena. 

La misma palabra --vegan/vegano/vegana-- era desconocida no hace tanto en este país. ¡A mi me han llegado a preguntar si eso era una enfermedad! Pero de entonces a ahora, en un escaso par de años o tres, hasta mi vecina sabe que es el veganismo, hasta la señora del supermercado lo sabe, hasta el del butano lo sabe. Y ya no es porque se conozca la palabra más o menos, sino por el auge que está teniendo a nivel mundial todo lo relacionado con la defensa de los derechos de los animales, y la salud natural (dos de los temas más candentes y calientes ahora mismo), y por ende, el veganismo.

Aún así, ya sé, me repetís, no se puede decir que estemos a un paso de un mundo justo en ese sentido (ni en ninguno), eso está claro, pero cuando el río suena, agua lleva. Estamos trabajando en las raíces.

Y cuando en el día a día te vas encontrando al señor que ha salvado a un gatito de morirse de frío en la calle, acogiéndole en su casa, a la chica que ha defendido con uñas y dientes a un erizo de morir apedreado por unos niños, a los valientes que se cuelan en una finca donde tienen dos caballos muertos de hambre y los rescatan, a quien mueve cielo y tierra en las redes para salvar un refugio y acoger a todos sus animales, a quien arriesga su vida para rescatar a un perro de en medio de la carretera, a quien se infiltra en una granja para rescatar a unas gallinas o unos corderitos, o filman lo que allí ocurre para denunciarlo, cuando ves estas acciones ya de manera regular en los medios y las redes sociales, no puedes más que pensar que algo en el ser humano está cambiando


Y aunque vaya lentamente, y aunque sigan existiendo cejijuntos descerebrados que disfrutan torturando animales, y personas de sangre fría y corazón de piedra que siguen ignorando el sufrimento mientras su paladar y su barriga disfruten con el sabor de la sangre, nadie me va a convencer de que no estamos camino de un giro en la conciencia humana.

Dicho esto, no clasifico a a todo el que sigue comiendo animales como egoísta, frío e insensible, porque hay personas que están en el camino de la evolución, aunque no han tomado todavía la decisión. Porque hay dos categorías de personas que siguen comiendo animales aunque ya conocen la verdad: a) los que con tremendo egoísmo y falta de empatía eligen seguir igual, "porque les da la gana", y "porque les gusta y no lo van a dejar", y b) los que realmente saben que antes o después tomarán el camino correcto. Y acaban haciéndolo porque no pueden soportar más la llamada de su conciencia.

Hay a quien le cuesta meses, o años, y hay quien lo hace de un día para otro. He visto todo tipo de casos, y nunca se puede decir que una persona jamás hará esto o lo otro. Quien menos me esperaba, me ha dado verdaderas sorpresas.

Nadie en la historia de la humanidad ha apostado nunca por un cambio drástico, revolucionario y significativo que surge de un sentimiento idealista, sin embargo, dichos cambios han sucedido, contínuamente.

Hace 300 años, la esclavitud era considerada como algo normal. Nadie se planteaba que los esclavos pudieran tener derecho a nada. No hace tanto, las mujeres no tenían derecho al voto, y era lo aceptado, incluso entre las mujeres. Y más recientemente, los homosexuales tenían que esconderse porque hasta se les metía en la cárcel por expresar su sexualidad. Y había gente de reputación "intachable" defendiendo el sistema establecido, y calificando a los revolucionarios, los "pro derechos", como extremistas y radicales. ¿Nos suena de algo? Las lacras y las injusticias son muros gigantes muy difíciles de tirar de un golpe. El derrumbarlos requiere mucho tesón, mucha paciencia, rascada aquí, rascada allá, golpe aquí, golpe allá, y lenta pero definitivamente, el muro caerá cuando esté lo suficientemente roído en sus cimientos. Cuando su base y sus fundamentos hayan prácticamente desaparecido, ese muro caerá como los demás. Y miraremos atrás diciendo ¿¿como es posible que en aquellos años se esclavizaran, torturaran y asesinaran animales para nuestro uso y consumo?? Y nos parecerá una salvajada, como nos parecen ahora los actos barbáricos de la Edad Media, o los abusos a las minorías de hace no tanto.

Este cambio también sucederá, sin duda. Tenemos que procurar que así sea, con nuestras pequeñas o grandes acciones. Todo cuenta. No solo las acciones activistas, que son extremadamente importantes y efectivas, sino también los pequeños granos de arena como son la firma de campañas, la difusión de ideas mediante redes sociales o en pequeños grupos de amigos o familiares, el acto de elegir una empresa u otra por sus principios éticos, las manifestaciones o los debates a nivel personal, cada acción cuenta y añade una piedra más al camino que nos lleva a un mundo más justo. Si te llaman extremista, alégrate. Ser extremista contra la violencia tiene sentido. No se puede ir con medias tintas.


Y por supuesto, como meta, el gran acto, la gran decisión, el hecho único e singular que contribuirá a que dejes tu huella en este mundo: la adopción del veganismo como forma de vida. Porque no solo va a afectar a tu salud, sino a la de miles de personas y animales a lo largo de tu vida. Antes se requería mucho más esfuerzo. Ahora es realmente sencillo. Y gracias a que los primeros dieron el paso, gracias a que los pioneros allanaron el camino, no sin tener que enfrentarse a grandes adversidades, ahora los demás lo tenemos muy fácil. No solo ya no te consideran "el rarito", sino que incluso te piden consejo. Gracias a la gran difusión que el movimiento ha tenido estos últimos años en internet, la gente ya se está dando cuenta de qué va todo. Una gran parte de la población ya lo entiende, aunque no lo apoye. Otra lo entiende y lo apoya, aunque no se adhiera. Otra más hasta da el paso. Y con ellos algún amigo, familiar, o conocido; que lo veo cada día, que lo vivo a cada paso. Es la verdad. Y aunque cada día también me devastan noticias espantosas relacionadas con el abuso hacia los animales, me llevo otras tantas alegrías, por todo lo contrario.

Está pasando. Y como continuemos con este crecimiento exponencial, las cosas van a ir a más. ¡Cuanta gente joven ya se siente identificada con el movimiento por la compasión y el respeto! Es de verdad esperanzador. No quiero escuchar las quejas de la gente que dice que esto nunca va a cambiar, que el ser humano siempre va a ser así, porque de ser así continuaríamos con la esclavitud y la discriminación como norma. Que continúan, si, pero en mucho menor grado. Que la explotación y masacre de los animales va a continuar, está claro, pero se va a reducir en gran manera. Y quien sabe, si continuamos creciendo de esta forma, si se sigue luchando y extendiendo el amor y la compasión por nuestros compañeros de planeta, podemos llegar a erradicar la injusticia. Porque si el hombre es capaz de respetar a los animales, será capaz también, inexcusablemente, de respetar a sus congéneres. Por algo se dice en los ambientes veganos que "la paz empieza en tu plato".

Intentemos no escuchar a quien ve el vaso medio lleno, a quien nos desanima vaticinando un futuro negro. Les comprendo, es difícil, pero no nos dejemos llevar por la tristeza, la depresión, el desánimo, la desesperanza... estos sentimientos son inevitables cuando se trata de la lucha por salvar a nuestros queridos compañeros no humanos de las injusticias. Pero debemos reponernos y pensar siempre en positivo. Las cosas están mucho mejor de lo que estaban, y en camino de mejorar. Y es la conciencia humana, en una corriente de energía que se transmite a lo largo y ancho de todo el planeta, la que nos conecta y nos hace uno, y la que nos ayudará a llevar a cabo la acción más importante que ha llevado a cabo el ser humano en su existencia. 

Tal y como ocurre en el llamado "síndrome del centésimo mono", en el que una especie a la que se le enseña algún hábito, al cabo de dos generaciones ya nace sabiendo, el hombre igualmente puede heredar esa "conciencia humanitaria y justa" que está empezando a emanar de nuestra especie, la que nos está haciendo enarbolar la bandera del amor por nuestros hermanos y compañeros de planeta, los animales no humanos. La que nos lleva a arriesgar muchas cosas, incluyendo la vida a muchos, para defenderles y salvarles de un destino horrible. Esa conciencia nacerá por si sola, grabada en el ADN de las nuevas generaciones, si cada uno de nosotros  seguimos contribuyendo a ello con nuestra pequeña o gran aportación. Ningún pequeño gesto será desperdiciado. Todo tiene su repercusión en el futuro, es el efecto mariposa.



Hace algunos años unos investigadoresde la Universidad de Princeton, encabezados por el Doctor Roger Nelson, realizaron un experimento al que llamaron"The Black Box Experiment", en el que una máquina producía números de forma aleatoria. Era una prueba puramente estadística, sin embargo se dieron cuenta, con gran asombro, que la máquina producía siempre el mismo tipo de números justo antes de que ocurriera un gran acontecimiento mundial, ya fuera una catástrofe o algo muy significativo para la humanidad. Ocurrió por ejemplo antes de la tragedia de las torres gemelas, o del tsunami en Tailandia. Ello les llevó a la conclusión de que la humanidad forma un "Todo", un solo pensamiento, una sola consciencia, que llamaron "Global Consciousness" (Consciencia Global),  formada por todos y cada uno de nosotros. En definitiva, que estamos conectados, que tenemos la percepción innata de lo que va a ocurrir, y que si esa percepción e instinto lo utilizamos de manera positiva, el mundo puede cambiar para siempre. Pero tenemos que empezar creyéndolo. Y actuando, sin sucumbir a la desesperación o el abandono.

Si continuamos con el desprecio total a los animales y el planeta, caminamos directos al fin de nuestros días. Pero eso no va a ocurrir. Me niego rotundamente a creer algo así, y espero que vosotros os neguéis también. La negatividad no tiene ninguna ventaja. El giro brusco que estamos experimentando en la conciencia y espiritualidad humana va a ir a más. Vamos a extenderlo hasta que la crueldad hacia cualquier especie sea un acto puntual que el mundo entero rechazará y condenará. Seguramente no podremos eliminarla por completo. Pero la podemos reducir hasta el punto en que sea un acontecimiento raro y repudiado. Trabajemos en ello. Retomemos y remontemos el buen camino como especie. Yo también tengo momentos de total desánimo y desesperanza, de rabia y de total rechazo hacia mi especie, y de no ver futuro en este mundo. Pero eso no puede prevalecer. Porque nos estaríamos condenando, y la lucha por la justicia es algo que nunca se debe abandonar, ni siquiera en los momentos en que nos vemos más vencidos. Sigamos adelante juntos. Por ellos, por nosotros, por el futuro. 



Abrazos,

Fotos: Thesugarbabiesonline, Santuario Gaia, Tom Regan, Derechosparalosanimales.org,

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