ME LLAMO PIXIE, Y BUSCO HOGAR

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Hoy os quiero presentar a Pixie. Pixie es una miniatura de gatita, que apareció la otra noche a la entrada de mi casa. Una vecina se la encontró en la calle, a las tantas de la madrugada, y no sabiendo que hacer con ella, la dejó en mi puerta, sabiendo que caía en buenas manos.

Pixie llegó en un estado deplorable. Diminuta, con menos de un mes de vida, la gatita no podía moverse, por la debilidad, ni ver, por la densa capa de mucosidad que le cubría los ojitos, hinchados por la irritación y la infección. Era un pequeño saquito de huesos.

La cogimos con delicadeza y le limpiamos primero los ojitos, quitándole toda la mucosidad seca, y ahí debajo aparecieron unos ojillos tristes y asombrados, al ver el mundo de nuevo. No pareció asustarse al vernos, ya que estaba tan débil, que no podía casi andar. Una vez limpia, mezclamos un poco de leche de cabra con agua, y se lo dimos con cuentagotas. La leche de otros animales no es buena para los gatos, al contrario de la creencia popular, les sienta fatal, y les da diarrea. Pero a esas horas no teníamos otra cosa, y al fin y al cabo, la leche de cabra es menos perjudicial que la de vaca.

Pixie bebió la leche, y pareció revivir un poco más. Al terminar, comenzó a husmear por la cocina, y siguiendo su olfato encontró una latita de comida para gatos en forma de mousse, que había sido abierta para nuestros gatos hacía un rato. ¡Prácticamente Pixie atacó la lata, y se la zampó! ¡Nos dió tanta alegría ver que comía, y con tanta fruición! Después de aquello, ya parecía otra cosa: se movía y curioseaba, aunque su estado todavía era muy precario. Por cierto, al principio le llamamos Tigre, pensando que era un chico, y por los preciosos dibujos atigrados de su pelaje.

Pixie durmió en la bañera, con una pequeña casita improvisada, y un par de toallas, para que descansara bien. Le pusimos un pequeño reloj entre las toallas. Es un truquillo que da muy buen resultado con cachorros que han sido separados de su madre: el tic-tac del reloj suena como un corazón, y se sienten acompañados.

Después de dos días en casa, sin encontrarse para nada con nuestros tres gatos (por el posible contagio de la gripe felina, y porque los tres (especialmente la gata, que ya es viejecilla) son bastante celosos, llevamos a Pixie al refugio de animales de Calviá.

Y allí se quedó Pixie, en una jaula muy grande, pero jaula al fin y al cabo, y solita. Como os podéis imaginar, lloré como una magdalena al dejarla, pero no tenía otra opción. Pixie estaba enfermita, y necesitaba cuidado veterinario, y estar sola unos días, para curarse.
Por eso volví cada día, para verla, sacarla un ratito al campo a jugar, y que se aireara un poco.
Pixie ha disfrutado mucho esas pequeñas salidas, restregándose por la tierra, afilándose las uñas en un tronco de árbol, jugando con las hierbas que se movían al viento, y relajándose con los masajes de barriguita que yo le hacía, que le hacían ronronear.

Cada día salía yo de allí llorando por tener que dejar a la pequeña Pixie otra vez allí sola. Y aunque se que la gente de S.O.S. Animal (fundación para la protección de los animales de Calviá) cuidan a todos los animales maravillosamente, no podía dejar de pensar que Pixie se tenía que quedar allí solita durante tantas horas.

Pero hoy la cosa ha cambiado. Cuando he ido a verla, Meli, la chica que tan bien cuida de los gatos, me ha dicho que Pixie ya tenía un amiguito! Y así era: un gatito mayor que ella, y con mejor salud, que parecía muy asustado, pero que nada más juntarse con Pixie, ha saltado la química, y se han hecho inseparables. Cuando yo llegué estaban durmiendo juntitos, dándose calor y compañía. ¡Ha sido tanta la alegría que he sentido! Pixie ya estaba dentro de mi corazón, y de verdad que sufría por ella. Pero ahora, con su nuevo amiguito, al que he decidido (con permiso de las chicas del refugio), llamar Dixie, las cosas han mejorado.

Como la salud de Pixie ha mejorado mucho, ya no hay peligro de que contagie a otros. Ahora puede tener alguien con quien jugar y compartir siestas. Por eso me he decidido a contar su historia en mi blog, para ver si entre todos los que leeis mi blog, que vivís en Mallorca, me ayudáis a encontrar un buen hogar para PIXIE Y DIXIE. Estas dos preciosidades ya no se pueden separar. Su historia es demasiado tierna, y su amistad inquebrantable. Pixie y Dixie necesitan un hogar donde puedan vivir juntos, compartiendo juegos y el amor de una persona o personas que los cuiden con cariño y dedicación, para el resto de sus vidas. ¡Idealmente una casa con jardín sería lo mejor, los gatos disfrutan tanto el revolcarse al sol, el escarbar en la tierra, el oler las hierbas y las flores...!

Ojalá entre todos encontremos un buen hogar para estos dos pequeños y delicados seres, tan necesitados de amor y cuidados! Y ojalá también encuentren un hogar igual de bueno todos los perros y gatos abandonados, que han acabado en el refugio, y que necesitan urgentemente ser adoptados. Por eso, desde aquí, pido una vez mas a todos los amantes de los animales, que NO COMPREN ANIMALES. Los refugios están tan llenos de animales solos y tristes, y aunque se les cuida muy bien, no hay nada como tu propio hogar, tu propia familia.

¿Me ayudaréis a encontrar un hogar para Pixie y Dixie?



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Comentarios

  1. ¡Qué bonitos, la verdad! Es una lástima que no pueda tener gatos, mi novia es alérgica a ellos.

    En fin, encantado de leerte.

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  2. Si, son muy dulces, y estoy segura de que pronto encontrarán un hogar donde se les quiera y se les cuide como merecen. Gracias por leerme, Radioactivo!
    Cristina

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